Publicación para la comunidad hispanohablante en Alemania

Programa Nacional de Liderazgo Católico 2026 en Estados Unidos

Mi experiencia en el Simposio Liderazgo Juvenil 

El Programa Nacional de Liderazgo Católico, organizado por el Instituto Fe y Vida, es un encuentro anual de formación pastoral que reúne a líderes, jóvenes, asesores y agentes de pastoral de diferentes comunidades para profundizar en su misión evangelizadora.

Durante una semana de formación intensiva, tuvimos la oportunidad de vivir una experiencia de crecimiento espiritual, formación teológica y liderazgo comunitario en la Universidad Lewis, en Romeoville, Illinois, Estados Unidos.

El programa ofreció cinco seminarios: Pastoral Juvenil, Ministerios de Música, Formación para la Misión, Evangelización Digital, y Espiritualidad y Anuncio del Evangelio. Yo tuve el honor de formar parte de la 30.ª generación del Simposio Nacional de Pastoral Juvenil.

Desde hace ocho años pertenezco a la Misión Católica de Lengua Española en Núremberg, donde colaboro activamente en la coordinación de la comunidad de jóvenes adultos. Por eso, recibir una beca para participar en este programa de formación de líderes fue una enorme bendición.

Estoy convencida de que el Instituto Fe y Vida está haciendo un trabajo extraordinario para fortalecer la pastoral hispana, incluso más allá de las fronteras de Estados Unidos. La necesidad de formar y acompañar líderes hispanos no existe solamente en nuestro país: también está muy presente en las comunidades hispanoamericanas que vivimos en otros lugares del mundo.

Más que formación, una experiencia que renueva

Para mí, esta experiencia fue muy enriquecedora. No solo adquirí nuevos conocimientos y herramientas que considero muy necesarias para mi servicio pastoral; también viví una verdadera renovación espiritual.

Y, sobre todo, fue maravilloso encontrarme con una red de personas comprometidas con la Iglesia, que trabajan con pasión y entrega por construir una Iglesia más viva.

Es realmente motivador estar rodeada de personas que aman al Señor y que desean poner sus dones a su servicio, incluso cuando existen miedos, dudas o limitaciones.

Porque al final, de eso se trata el liderazgo cristiano: no de tener todas las respuestas, sino de poner nuestros dones al servicio de Dios y de los demás.

 

Una pastoral que comienza con la persona

Uno de los grandes aprendizajes de esta experiencia fue profundizar en el modelo de “Profetas de Esperanza”, una propuesta para acompañar de manera integral a la Pastoral Juvenil Hispana.

Este modelo nos recuerda algo fundamental: la pastoral no comienza con una actividad, comienza con una persona.

Primero conocemos al joven (ser); después miramos su realidad (ver); discernimos lo que Dios nos está mostrando; actuamos, evaluamos, celebramos y volvemos a comenzar.

Todo este proceso tiene a Cristo en el centro y se desarrolla dentro de una comunidad, mediante un liderazgo compartido y buscando una pastoral integral.

Esto significa cuidar un equilibrio entre las diferentes dimensiones de la vida pastoral: catequética, evangelizadora, litúrgica (incluyendo la Eucaristía y la vida sacramental), misionera, comunitaria y de servicio.

La meta no es hacer cada vez más actividades para jóvenes.

La meta es acompañar a los jóvenes para que encuentren a Cristo, se conviertan en discípulos misioneros, descubran a Cristo en los demás y sean capaces de transformar su realidad desde el Evangelio.

 

Liderar con los jóvenes, no solamente para los jóvenes

Otro de los grandes retos que descubrimos es el del liderazgo compartido.

Liderar no significa simplemente tener un coordinador que organiza todo. Significa crear espacios donde muchos jóvenes puedan participar, servir, tomar decisiones y descubrir sus propios dones.

Cada joven debería tener la oportunidad de asumir responsabilidades, equivocarse, aprender y crecer como líder.

Por eso, Profetas de Esperanza nos invita a pasar de una pastoral “hecha para los jóvenes” a una pastoral “hecha con los jóvenes y liderada por los jóvenes”.

El papel de los adultos no desaparece. Al contrario: los adultos estan llamados a acompañar, formar, orientar y abrir caminos, permitiendo que los jóvenes también sean protagonistas de la misión.

 

La fe no termina al salir de la iglesia

Durante el programa también profundizamos en la Doctrina Social de la Iglesia, que considero un verdadero tesoro para la evangelización de los jóvenes.

Porque la fe no termina cuando salimos de la iglesia.

La fe entra en la escuela, en la universidad, en el trabajo, en la familia, en las redes sociales, en la política, en la economía, en la manera en que tratamos al migrante y en la forma en que cuidamos nuestra casa común.

Evangelizar no significa solamente hablar de Dios. Significa también dejar que el Evangelio transforme nuestra manera de vivir y de relacionarnos con el mundo.

 

Una comunidad imperfecta, pero llena de esperanza

Al final, también recordamos a la comunidad que Jesús eligió.

Jesús no llamó a un grupo de personas perfectas para formar una comunidad perfecta. Llamó a personas diferentes, con talentos, heridas, dudas y limitaciones, para formar una comunidad capaz de amar, servir, sanar y salir al mundo a construir el Reino de Dios.

Y nosotros estamos llamados a hacer lo mismo.

El reto es perseverar y tener paciencia cuando las cosas no salen como esperamos. Los frutos no siempre aparecen inmediatamente. A veces sembramos y no vemos el resultado. A veces acompañamos a un joven durante mucho tiempo sin saber qué impacto tuvo nuestro servicio en su vida.

Pero eso no significa que Dios no esté trabajando.

Cuando damos un paso de fe, Dios también va colocando personas, oportunidades y caminos que nosotros nunca habíamos previsto.

Por eso necesitamos recordar las palabras que nuestros Papas nos han repetido tantas veces: “¡No tengan miedo!”

Y hacer nuestras las palabras de Jesús:

“Ustedes son la luz del mundo.”
Mateo 5,14

Quizás eso es, en el fondo, lo que significa ser líder cristiano: dejar que Cristo encienda nuestra propia luz para que podamos ayudar a otros a descubrir la suya.

Gracias al Instituto Fe y Vida por abrir estos espacios, por formar líderes y, sobre todo, por darnos esperanza y herramientas para seguir siendo luz del mundo allí donde Dios nos ha puesto.

Abril de la Tejera de la Paz

Líder Juvenil Comunidad Nürnberg

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