Hay experiencias que se viven durante unos días, pero permanecen para siempre en el corazón. Así fue para nosotros nuestra participación en el Programa Nacional de Liderazgo Católico (PNL), celebrado del 21 al 27 de junio de 2026 en Lewis University, Illinois (Estados Unidos). Lo que comenzó como una oportunidad de formación terminó convirtiéndose en un verdadero encuentro con Dios, con la Iglesia y con nosotros mismos.
Desde Alemania viajamos con ilusión para representar a la comunidad de Wiesbaden y a la Pastoral de Parejas y Familia de la Delegación Nacional de Lengua Española. Sabíamos que íbamos a participar en un programa reconocido por su calidad formativa, pero no imaginábamos que regresaríamos con el corazón renovado y con una mirada completamente nueva sobre nuestra misión.
Entre las distintas propuestas del PNL elegimos el seminario «Mar Adentro: Formación para la Misión», dirigido por Mariela y Juan José Trujillo, fundadores del Instituto Duc in Altum. El propio nombre del curso evocaba las palabras de Jesús a Pedro: «Rema mar adentro». Sin embargo, pronto descubrimos que remar mar adentro no significaba únicamente asumir nuevos desafíos pastorales, sino atrevernos a entrar en las profundidades de nuestro propio corazón, allí donde Dios sigue llamándonos cada día.
Durante seis días compartimos el camino con un pequeño grupo de catorce personas. Muy pronto dejamos de ser desconocidos para convertirnos en hermanos de camino. Cada uno llegaba con su propia historia, sus alegrías, sus heridas y sus desafíos pastorales. Sin importar el país de procedencia o la realidad de cada comunidad, descubrimos que todos compartíamos el mismo deseo: servir mejor al Señor y ayudar a otros a encontrarse con Él.
El ambiente que se creó fue uno de los mayores regalos del seminario. Nos sentimos acogidos desde el primer instante. La confianza nació con naturalidad, las conversaciones fueron profundas y sinceras, y el respeto mutuo permitió que cada experiencia compartida enriqueciera la de los demás. Comprendimos que la Iglesia es verdaderamente una familia cuando se construye desde la escucha, la fraternidad y el amor.
Cada jornada nos invitaba a detenernos y mirar hacia dentro. Reflexionamos sobre la importancia de escuchar la voz de Jesús, incluso en medio del cansancio y del desánimo; redescubrimos la oración no como una obligación, sino como un encuentro vivo con quien nos ama; reconocimos aquellas tibiezas espirituales que poco a poco pueden apagar el entusiasmo por la misión y fuimos invitados a volver al «primer amor», a ese momento en el que descubrimos por primera vez la alegría de seguir a Cristo.
Uno de los aprendizajes más profundos que nos llevamos fue comprender que la eficacia pastoral nunca depende únicamente de nuestras capacidades, de la planificación o del esfuerzo personal. Toda misión auténtica nace del encuentro con Jesús. Solo quien primero se deja amar por Él puede anunciarlo con alegría y credibilidad. Esta verdad, aparentemente sencilla, adquirió para nosotros una profundidad nueva y transformadora.
Las celebraciones de la Eucaristía, los momentos de adoración, los espacios de convivencia, las actividades recreativas e incluso la oportunidad de descubrir juntos la ciudad de Chicago fueron mucho más que actividades complementarias. Fueron momentos en los que la comunidad se fortalecía y donde la fe se hacía visible en la alegría compartida, en las conversaciones espontáneas y en la sencillez de caminar juntos.
Queremos hacer una mención muy especial a nuestros formadores, Mariela y Juan José Trujillo. Su testimonio de vida, su cercanía y su manera de acompañar cada proceso hicieron que el seminario fuera mucho más que un curso de formación. Nos ayudaron a descubrir que el verdadero liderazgo cristiano nace de la humildad, del servicio y de una profunda intimidad con Dios. No enseñaban únicamente con sus palabras, sino, sobre todo, con el ejemplo de su propia vida.
También fue muy enriquecedor encontrarnos con tantos agentes pastorales que trabajan con comunidades hispanas en diferentes lugares de Estados Unidos. Escuchar sus experiencias, conocer sus desafíos y descubrir tantas iniciativas llenas de creatividad nos recordó que el Espíritu Santo sigue actuando con fuerza allí donde hay personas dispuestas a servir con generosidad. Al mismo tiempo, compartir nuestra realidad como Iglesia de lengua española en Alemania despertó un gran interés y nos hizo valorar aún más la riqueza de nuestra misión entre los migrantes.
Regresamos a Alemania con el equipaje lleno de apuntes, fotografías y recuerdos, pero sobre todo con algo mucho más valioso: una esperanza renovada. Sentimos que Dios nos invitaba a seguir construyendo comunidades donde las personas puedan encontrarse con Cristo, crecer en la fe y descubrir que cada bautizado está llamado a ser discípulo misionero.
Ahora nuestro deseo es transmitir todo lo vivido a nuestras comunidades. Queremos compartir la alegría que experimentamos, promover una pastoral que nazca del encuentro personal con Jesús y animar a otros a remar mar adentro, confiando en que es Él quien sigue guiando la barca de la Iglesia.
Finalmente, solo nos queda dar gracias. Gracias a la Delegación Nacional de Lengua Española en Alemania por confiar en nosotros y brindarnos esta oportunidad; gracias a la Misión Católica de Wiesbaden por su apoyo constante; gracias al Instituto Fe y Vida por la excelente organización y por cuidar cada detalle con tanto esmero; y gracias, de manera muy especial, a Mariela y Juan José Trujillo, por acompañarnos con tanta entrega y ayudarnos a descubrir que la misión comienza siempre en el corazón de quien se deja encontrar por Cristo.
Porque, al final, eso fue Mar Adentro para nosotros: una invitación a confiar de nuevo, a echar las redes con esperanza y a recordar que el Señor sigue llamando hoy, como hace dos mil años, a quienes están dispuestos a navegar con Él hacia aguas más profundas.
Carina y Marcos Minati




